Actualizado a 6 de marzo de 2025

Las personas sin hogar


En esta entrada del Blog dispones de abundante material para hacerte una mejor idea de lo que significa no tener hogar: causas, consecuencias, perfiles, etc. No te dejes llevar por estereotipos fáciles y gratuitos, no te dejes llevar solo por lo que quieres ver. La realidad es más compleja. Ojala este material te sirva para aportar en tu comunidad o grupo de referencia mayor capacidad de acogida y acercamiento a los que están en situaciones más vulnerables.

Homeless (alternativo)

La vivienda es el primer paso para construir un hogar, para tejer vínculos y redes que están al lado de cada ser humano, para caminar en la recuperación de la identidad. En nuestro país, se calcula que casi 1.500.000 familias viven en infraviviendas, mientras que diversos estudios de organizaciones e instituciones que trabajan con personas sin techo, entre las que se incluye Cáritas, estiman que en España hay más de 30.000 personas sin hogar. Más allá de las definiciones económicas y sociales utilizadas por los organismos públicos internacionales y nacionales, hogar tiene un significado mucho más profundo. El hogar es donde tengo mi espacio, mi intimidad, donde nadie puede entrar arbitrariamente. Disponer de un hogar significa, además, que me puedo trasladar de lugar sin renunciar a mi identidad, un sitio conformado por mis bienes, sean muchos o pocos, o casi no sean nada, por mis sueños, mis proyectos, por lo compartido o el recuerdo de lo que compartí.
En definitiva, tener un hogar supone hablar de mi barrio, de mis vecinos, de los amigos, de un lugar donde compartir, donde dar y recibir. Un entorno de humanización y desarrollo personal que se niega a los sin techo. Diversas organizaciones, entre ellas Cáritas, FACIAM y FEANTSA, nos recuerdan cada final de noviembre, a través de la Campaña de Personas Sin Hogar que en la actualidad prácticamente no existen políticas de vivienda para personas sin hogar, y el acceso a las de protección pública se hace prácticamente inalcanzable al exigirse requisitos legales como ingresos mínimos o empadronamiento. Desde estas entidades se reclaman políticas públicas y actitudes de acogida de toda la sociedad y de cada ciudadano “para que los derechos sociales que todo ser humano tiene, encuentren su cauce jurídico, social, personal y comunitario en la creación o reconstrucción del ser-tener hogar”.

Gráficos personas sin hogar

En un informe donde abordamos de forma conjunta exclusión y ciclo vital, las conclusiones solo pueden ser provisionales. Por varias razones. Una es por la naturaleza del tema que tenemos entre manos. Tanto la exclusión social como el ciclo vital se refieren a procesos. Tienen un carácter dinámico. La pobreza ha dejado de ser, quizás nunca lo fue, un compartimento estanco en el que confluyen los marginados del sistema. «Ser o no ser» pobre ya no es la cuestión: sino estar o no estar en riesgo de caer en la pobreza. Desde el enfoque que planteamos, ese riesgo está asociado a determinadas etapas del ciclo de vida que exponen a las personas que las atraviesan a situaciones de mayor vulnerabilidad. Tradicionalmente las situaciones de vulnerabilidad se han concentrado en las edades más avanzadas, coincidiendo con el abandono del mercado de trabajo para los hombres o con la viudedad para las mujeres. Sin embargo, en las últimas décadas se ha hecho más evidente la incidencia de la precariedad en edades más tempranas. La infancia y la transición a la vida adulta son, en este sentido, etapas de riesgo. Actualmente las nuevas dinámicas de exclusión tienen que ver, muchas veces, con procesos de formación de la familia, la estructura del hogar, condiciones de acceso y permanencia en el mercado de trabajo y, además, con la capacidad de conciliar las demandas de la esfera personal, familiar y laboral. [...]
El análisis de la exclusión económica y laboral es sobre todo un análisis de la desigualdad. El contexto de referencia permite identificar a las personas que se encuentran en condiciones de desventaja y vulnerabilidad. En el caso de España esos contextos de referencia son la Unión Europea y las Comunidades Autónomas.
En relación al contexto europeo, España se encuentra en situación de clara desventaja, tanto en términos de exclusión económica como laboral: presenta las tasas más altas de pobreza moderada y alta, así como de desempleo y contratación temporal.
Las Comunidades Autónomas desempeñan un papel cada vez más importante en la gestión y provisión de servicios públicos que influyen en la situación de personas con riesgo de vulnerabilidad económica o laboral. No existe una correlación entre indicadores territoriales de exclusión económica y laboral. Las CC.AA. presentan una dispersión baja en cuanto a las tasas de pobreza y una dispersión más alta por lo que respecta a las tasas de desempleo y temporalidad.
Las condiciones de vida de la población extranjera respecto a la autóctona constituyen uno de los principales riesgos de fractura social. Las personas extranjeras no europeas son más pobres, experimentan modalidades de pobreza más intensa, tienen mayores dificultades económicas en sus hogares y sus hijos/as están más expuestos a condiciones de pobreza que pueden afectar negativamente a sus oportunidades vitales. Suelen también trabajar en empleos de peor calidad. [...]
La concentración del riesgo de pobreza y privación en España se produce principalmente en los dos extremos del ciclo de vida: infancia y vejez. La población de 65 y más años experimenta los riesgos más elevados de pobreza moderada y la población infantil los de pobreza alta y severa. Observatorio de la Inclusión Social (2008): Informe de la inclusión social en España.

El puzzle

Persona sin hogar; por Wikipedia.
Asociaciones FACIAMRAISHATENTO y FEANTSA.
Campañas y material de sensibilización de Cáritas.
DOHERTY, J. (2005): El origen del sinhogarismo: perspectivas europeas.