Actualizado a 8 de febrero de 2026

Cartago

Moneda Trishekel MIB 8/29 (227-221 a.C.)

Los tirios [...] rápidamente se fortalecieron por su austeridad y por sus esfuerzos para las ganancias [...]  como tenían una población abundante y rica, enviaron a África a los jóvenes y fundaron Útica. Entretanto murió en Tiro el rey Mutón, dejando como herederos a su hijo Pigmalión y a su hija Elisa, doncella de extraordinaria belleza. Pero el pueblo confió el reino a Pigmalión cuando toda vía era un niño. Y Elisa se casó con su tío materno Aquerbas, sacerdote de Hércules que era el segundo cargo después del rey. Éste tenía grandes riquezas, pero escondidas, y por miedo al rey había guardado su oro no en su casa, sino en tierra; aunque nadie sabía esto con certeza, sin embargo circulaban rumores. Pigmalión, excitado por ello, olvidándose de todo derecho humano, hizo matar a su tío y además cuñado sin consideración a los deberes del afecto. Elisa durante mucho tiempo odió a su hermano por el crimen y finalmente, disimulando su odio y apaciguando entretanto su rostro, prepara en secreto su huida, acompañándose de algunos hombres principales, que, pensaba, tenían igual odio al rey y el mismo deseo de huir. [...] Elisa, al anochecer, hace embarcar todas sus riquezas y a los servidores  [... y] buscan otra patria en el exilio. La primera tierra en la que desembarcaron fue la isla de Chipre, donde el sacerdote de Júpiter con su mujer y sus hijos, por indicación de los dioses, se ofreció a Elisa como compañero y aliado, después de acordar para él y para sus descendientes la dignidad del sacerdocio para siempre. La condición fue aceptada como un manifiesto presagio. Era costumbre de los chipriotas enviar a las doncellas, unos días determinados antes de la boda, a la orilla del mar a traficar con su cuerpo para ganar el dinero de la dote y ofrecer a Venus sus primicias por el pudor del resto de su vida. Así pues, Elisa ordena raptar unas ochenta doncellas de éstas y embarcarlas, para que los jóvenes pudieran casarse y la ciudad tener descendencia. [...] Elisa, llevada a un golfo de África, atrae a la amistad a los habitantes de aquel lugar, que se alegraban por la llegada de los extranjeros y por el recíproco comercio. Luego, comprado el terreno que podía cubrirse con la piel de un buey, en el que pudiera hacer que sus compañeros, cansados del largo viaje por mar, se repusieran hasta que partieran, ordena que la piel sea cortada en tiras muy finas y así ocupa un espacio mayor del que había pedido, por lo que aquel lugar recibió después el nombre de Birsa. Después acudieron los habitantes de los lugares vecinos, quienes llevaban muchas mercancías a los forasteros con la esperanza de ganancias, y se establecieron allí, formándose por la concurrencia de gentes una especie de ciudad. También unos embajadores uticenses les llevaron presentes como a sus consanguíneos y les exhortaron a fundar una ciudad allí donde por el azar se habían asentado. Y también los africanos fueron presa del deseo de retener a los extranjeros. Así pues, estando todos de acuerdo, se funda Cartago, después de fijarse un canon anual por el suelo que ocupaba la ciudad. Al empezar los cimientos, se encontró una cabeza de vaca, lo que era auspicio de una ciudad ciertamente fecunda, pero trabajada y siempre esclava. Por esto se traslada la ciudad a otro lugar y también allí se encontró una cabeza de caballo, presagiando un pueblo belicoso y poderoso; esto dio a la ciudad un emplazamiento de favorables auspicios. Entonces acudieron las gentes a la fama de la nueva ciudad y en poco tiempo la población y el estado se hicieron grandes. JUSTINO (s.II): Epitome de las historias filípicas de Pompeyo Trogo, XVIII, 4.5.

[Primer Tratado Romano Cartaginés (509 A.C.)] Que haya paz entre los romanos y sus aliados y los cartagineses y sus aliados bajo las condiciones siguientes: que ni los romanos ni los aliados de los romanos naveguen más allá del cabo Hermoso si no les obliga una tempestad, o bien los enemigos. Si alguien es llevado allá por la fuerza, que no le sea permitido comprar ni tomar nada, excepción hecha de aprovisionamientos para el navío o para los sacrificios (y que se vayan a los cinco días). Los que lleguen allí con fines comerciales no podrán concluir negocios si no es bajo la presencia de un heraldo o de un escribano. Lo que se venda en presencia de éstos, sea garantizado al vendedor por fianza pública, tanto si se vende en África como en Cerdeña. Si algún romano se presenta en Sicilia, en un paraje so metido al dominio cartaginés, gozará de los mismos derechos. Que los cartagineses no cometan injusticias contra el pueblo de los ardeatinos, ni contra el de Antio, ni contra el de Laurento, ni contra el de Circes, ni contra el de Terracina, ni contra ningún otro pueblo latino sujeto a los romanos. Que los cartagineses no ataquen a las ciudades que no les están sometidas, y si las conquistan, que las entreguen intactas a los romanos. Que no levanten ninguna fortificación en el Lacio. Si penetran en él hostilmente, que no lleguen a pernoctar allí. POLIBIO (s. II a.C.): Historias, III.22

Los romanos consideraban, con razón, que si los Cartagineses se apoderaban también de Sicilia serían unos vecinos temibles y excesivamente peligrosos, pues los habrían rodeado y ejercían su influjo sobre todas las partes de Italia. Estaba, pues, claro que, si no ayudaban a los Mamertinos, los Cartagineses se adueñarían inmediatamente de Sicilia [...] Con todo ello a la vista y pensando y pensando que ni podían abandonar Mesina ni dejar que los Cartagineses hicieran desde ella un puente para sus ataques contra Italia deliberaron largamente. POLIBIO (s. II a.C.): Historias, I, 10.

"Cartago" por Fundación Palarq.

Después que se concluyó la guerra de África, levantaron tropas los cartagineses y enviaron seguidamente a Amílcar a la España. Éste, una vez que se hubo hecho cargo del ejército y de su hijo Aníbal, entonces de nueve años de edad, pasó a las columnas de Hércules y restableció en España los intereses de su república. En el espacio de casi nueve años [...], sometió a Cartago muchos pueblos, unos por las armas, otros por la negociación, terminando sus días de una manera digna de sus anteriores acciones. POLIBIO (s. II a.C.): Historias, II, 1.
[Amílcar] pasó a Gades, tomando por compañero de la expedición a su yerno Asdrúbal. Pasado el estrecho, empezó a devastar los campos de España, a pesar de no haber sido molestado por sus habitantes. De este modo se proporcionó la ocasión de estar ausente de su ciudad, y al mismo tiempo de actuar y de ganarse con dones a sus conciudadanos. Pues todo lo que tomaba en la guerra lo dividía de modo que una parte fuese para sus soldados, a fin de tenerlos más propicios en ayudarle en sus fechorías, y otra parte para los principales de la ciudad favorables a su causa. Pero al fin, conjurados contra él los reyezuelos de diversos pueblos íberos y otros hombres de influencia, pereció de este modo: cargaron de leña unos carros y unciendo a ellos bueyes, se pusieron en marcha, siguiendo detrás armados. Cuando les ven los africanos sin entender su ardid, levantan grandes carcajadas. Pero ya cercanos los íberos, encienden los carros y los lanzan con sus yuntas contra los enemigos. En sus loca carrera los bueyes esparcen el fuego por doquier; una gran confusión se apodera de los cartagineses y se disuelve su formación; entonces los íberos, precipitándose sobre ellos, mataron al mismo Barca y a muchos que en su auxilio acudieron. APIANO (s. II): Historia romana, VI, 5.

Por aquella época, Asdrúbal [...], actuando de modo inteligente y pragmático, hacía en todo grandes avances [...]. Los romanos, al ver que el poderío de los cartagineses era cada vez mayor y más temible, se decidieron a intervenir en los asuntos de Iberia. Cayeron en la cuenta que se habían dormido en los tiempos anteriores y que habían permitido a los Cartagineses constituirse en una gran potencia, por lo que intentaron, en lo posible, recuperar el tiempo perdido. Por aquel entonces no se atrevían a dar órdenes a los Cartagineses o a hacerles la guerra, ya que pendía sobre su nación el temor de los celtas y esperaban cada día una invasión. Adulando a Asdrúbal y tranquilizándole, decidieron hacer frente a los Celtas y luchar contra ellos. Pensaban que jamás podrían dominar Italia y ni siquiera habitar seguros en su patria, teniendo a tales gentes como vigilantes sobre sus cabezas. Por estas razones, enviaron embajadores a Asdrúbal para firmar un acuerdo en el que, sin mencionar al resto de Hispania, se decía que los Cartagineses no podían atravesar el río Ebro con fines belicosos. Al mismo tiempo emprendían la guerra en Italia contra los celtas. POLIBIO (s. II a.C.): Historias, II, 13, 3-7.

Al iniciarse el verano, dio principio a la campaña por los vacceos, atacó a Salamanca y la tomó por asalto [220 a.C.]. Puso sitio asimismo y ganó por fuerza a Arbucala, [...]. A la vuelta, los carpetanos, nación casi la más poderosa de aquellos países, le atacaron y pusieron en el mayor apuro [...] Pero Aníbal tuvo en esta ocasión la sagacidad y prudencia de irse retirando lentamente poner por barrera el río Tajo y dar la batalla en el paso del río. [...] Con esta derrota no hubo ya pueblo, del Ebro para acá, que osase hacer frente a los cartagineses, como no sea Sagunto. POLIBIO (s. II a.C.): Historias, III, 4.

Cartago por Wikipedia, National Geographic Historia
Guerras Púnicas por Wikipedia
Audiovisuales: "El Imperio Cartaginés en partes primera y segunda" por Raíces de Europa; "Cartago y Aníbal" por M. Bendala; y "Aníbal, el peor enemigo de Roma".
Podcast: "La civilización cartaginesa" por Podcaliptus Bonbon;
Cine: Aníbal (1959)
Fuentes: Grupo Girha; Moneda ibérica;