Actualizado a 6 de marzo de 2025

Las actividades industriales


La evolución seguida por la producción industrial en España desde el inicio de la transición política y económica en 1975 no permite, pese a las optimistas declaraciones de los últimos tiempos, una conclusión demasiado favorable, tanto si se relaciona con el fuerte crecimiento de los quince años anteriores, como si se compara con lo ocurrido en otros países del entorno.
Según datos de la OCDE, la producción industrial en valores constantes creció un 58 % entre 1975 y 1998, lo que no solo se sitúa muy por debajo del promedio de esa organización (86 %), sino, incluso, de la OCDE-Europa (63 %) y de los restantes países del suroeste europeo (Portugal, 126 %; Italia, 63 %), con la sola excepción de Francia (44 %). Ese moderado aumento del valor añadido se consiguió mediante una intensa renovación de los procesos, que permitió elevar de forma sustancial la productividad del trabajo a costa de eliminar casi un millón de empleos, equivalentes a la cuarta parte de los contabilizados al inicio del período. En cualquier caso, la producción industrial por habitante continúa situada en el 65 % de la Unión Europea en 1997, cuando esa proporción supera el 75 % para el conjunto de la economía, lo que es un síntoma de su debilidad relativa.
La sucesión de fases expansivas (1985-89 y 1994-98) y de recesión, que han favorecido diagnósticos muy diversos a lo largo del tiempo, no impide un balance final relativamente desfavorable respecto a los impactos del rápido proceso de apertura exterior e integración en los mercados internacionales, que supuso una brusca ruptura con el tradicional proteccionismo anterior.
Algunas de las deficiencias estructurales del tejido industrial español (elevada proporción de microempresas poco capitalizadas y escasez de grupos de cierta dimensión limitado esfuerzo tecnológico, excesiva importancia de los sectores maduros intensivos en trabajo/energía, debilidad de la industria de bienes de equipo...), junto a una progresiva reducción en el diferencial de costes salariales en relación a otros países europeos y la escasa tradición asociativa del empresariado, son algunos de los principales factores explicativos. MENDEZ, R. y MECHA, R. (2001): "Transformaciones de la industria española en el contexto de la globalización", en Anales de Geografía de la Universidad Complutense, n.° 21.

"Sector secundario en España" de Yucaan.

Más allá de los simples indicadores cuantitativos que reflejan la evolución de los últimos anos, el impacto de la globalización ha provocado una verdadera mutación interna que, en primer lugar, ha afectado a la anterior jerarquía existente entre las diversas ramas industriales. Se contraponen así las que debieron enfrentarse a una estabilización del mercado interno y/o una pérdida de competitividad exterior que obligó a una profunda reconversión destinada a reducir capacidad productiva y empleo en contraste con aquellas otras más dinámicas, que se beneficiaron de un aumento constante de la demanda y/o la conquista de nuevos mercados en el exterior. La idea del ciclo de vida, que relaciona el dinamismo sectorial con la fase de evolución tecnológica alcanzada, resultó una metáfora habitual para aludir al diverso comportamiento de sectores tradicionales o maduros y sectores jóvenes, pero su adaptación a las tendencias observables en España resulta solo parcial.
Así, respecto a la evolución seguida por el valor añadido de la producción y el empleo entre 1980 Y 1995 el mejor comportamiento lo registró el sector de electrónica e informática, que creció un 231,5 y 55,8% respectivamente, si bien a partir de cifras muy modestas, razón por la que solo representa aún el 1,6 % de la producción final de la industria española. Comportamiento también favorable desde la perspectiva del valor añadido tuvieron otros sectores considerados de demanda fuerte y alta complejidad tecnológica como el material eléctrico (+83,9 %) y la química (+68,3 %), a las que se sumó la fabricación de automóviles (+85,0 %), si bien en todos los casos la mejora de productividad redujo levemente el número de ocupados.
Por el contrario, las mayores pérdidas de empleo y un leve retroceso en el valor de la producción afectaron a sectores tradicionales sometidos a la penetración de competidores (sobre todo asiáticos) en el mercado español y dificultades para elevar su cuota de exportación, como el textil-confección, la madera y el mueble, los artículos de piel y el calzado, o la extracción y primera transformación de minerales metálicos. Los procesos de reconversión iniciados con la década de los años ochenta permitieron la concesión de importantes ayudas publicas en el caso de las grandes empresas, en particular las del sector público, mientras las PYMEs debieron enfrentar el ajuste a partir de sus propios recursos y capacidades, registrando una alta tasa de mortalidad y una creciente precarización del empleo. En cambio, otros sectores de baja complejidad tecnológica como los de alimentación y bebidas, o papel, artes gráficas y edición, mostraron una evolución bastante más favorable, apoyada en el constante crecimiento de la demanda interna y la incorporación de notables innovaciones en sus procesos y productos, que acompañó una progresiva concentración empresarial. MENDEZ, R. y MECHA, R. (2001): "Transformaciones de la industria española en el contexto de la globalización", en Anales de Geografía de la Universidad Complutense, nº. 21.

En el contexto del sistema urbano español, la industria se caracterizó durante décadas por una polarización espacial creciente a favor de las grandes ciudades, debido al conjunto de externalidades asociadas al propio tamaño de la aglomeración, junto a la concentración de capital humano cualificado, servicios avanzados e infraestructuras de calidad, generadores de ventajas competitivas dinámicas. El proceso de crecimiento metropolitano supuso el inicio de su difusión hacia núcleos de menor dimensión, pero situados en el entorno de esas grandes urbes y bien comunicados con ellas, dando así origen a la formación de ejes de desarrollo. No obstante, la crisis del modelo productivo fordista, hace ya tres décadas pareció señalar un punto de inflexión en esa trayectoria, al intensificarse los procesos de declive en algunos sectores de larga tradición en determinadas ciudades, la deslocalización total o parcial de empresas en dirección a territorios periféricos de menores costes y la emergencia de sistemas productivos especializados en algunas pequeñas ciudades y núcleos rurales. [...]
Los datos de la Seguridad Social sobre trabajadores afiliados a la industria muestran que tales tendencias desconcentradoras se mantienen en la década actual para el conjunto del sistema urbano, al menos si se considera la distribución de los establecimientos y del empleo industrial. El fenómeno puede analizarse en dos escalas de análisis complementarias. Si se toma como unidad de análisis a la provincia, mientras en el año 2000 las cinco con mayor volumen de empleo (Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante y Vizcaya) concentraban el 45,2 1 % de los trabajadores industriales en España, esa proporción se redujo al 41,89 % en tan solo seis años, registrándose tasas negativas en todas ellas, que oscilaron entre el 12,53% en el caso de Barcelona y el 2,49 % en el de Vizcaya. Por el contrario, de las trece provincias que en ese periodo aumentaron en más de un 10 % su nivel de ocupación industrial, tan solo Murcia, Tarragona y Pontevedra se encuentran entre las 20 con mayor volumen absoluto de empleo. La disminución del índice de concentración de Gini desde un valor de 0,563 en el año 2000 a 0,536 en el año 2006, resume esa tendencia hacia formas de industrialización más difusas en el territorio, al menos con el tipo de información hoy disponible a escala local. Si, en cambio, se toman como unidad espacial los municipios, y estos se agrupan según su tamaño poblacional, resulta evidente que, junto a los procesos de difusión espacial de la industria a partir de las principales ciudades por criterios de contigüidad y accesibilidad (ejes y coronas), se acentúa también la difusión jerárquica en el interior del sistema urbano.
Las grandes ciudades (>250.000 habitantes) reúnen casi una cuarta parte de la población española en 2006 (23,51 %) y una proporción superior del total de empresas (26,54 %) y trabajadores (30,62 %). Pero su importancia como asiento de la industria resulta ya bastante inferior, pues tan solo representan el 16,32 % de las empresas y el 18,25 % del total de trabajadores en España, lo que se traduce en una proporción de apenas 8,34 por cada 100 ocupados en esas ciudades (España = 13,98 %). MENDEZ, R., SÁNCHEZ MORAL, S., ABAD, L.D., y GARCÍA BALESTENA, I. (2008): "Dinámicas industriales, innovación y sistema urbano en España: trayectorias de las ciudades intermedias", en Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº. 46.

Las ciudades de tradición industrial sujetas a procesos de reestructuración y ajuste de su base productiva no siempre siguen estrategias similares de adaptación al nuevo escenario socioeconómico. Los ejemplos de Avilés y Ponferrada son elocuentes de las distintas opciones urbanas en los procesos de cambio funcional y, más específicamente, en la gestión y reutilización del patrimonio industrial y los suelos industriales obsoletos y abandonados.
Avilés demuestra, a lo largo de un proceso de casi dos décadas, capacidad para superar la crisis y reinventarse a sí misma mediante acciones y proyectos que generan una imagen moderna y dinámica, a la vez que construyen los paisajes del siglo XXI en clave de renovación urbana y sobre la base de nuevas funciones productivas que incluyen la cultura y el patrimonio industrial como valor añadido. En el obsoleto escenario siderúrgico está tomando forma un paisaje urbano de nuevo cuño con una interesante combinación de vieja y nueva industria; usos culturales y recreativos, y arterias urbanas rejuvenecidas. En suma, una verdadera metamorfosis urbana.
Ponferrada siguió una trayectoria diferente: en su quehacer institucional permanece ausente una estrategia dirigida al reaprovechamiento de su pasado industrial, La herencia de la ciudad no es vista como una oportunidad para su relanzamiento; bien al contrario, se considera una pieza más en la producción de la ciudad, sostén de nuevos espacios residenciales sometidos al mercado inmobiliario, generando grandes beneficios a diferentes actores socioeconómicos (Ayuntamiento, constructores, gran distribución comercial, cadenas hoteleras). No existe una visión política coherente sobre lo que debe ser la ciudad, únicamente hay adaptación, más o menos interesada, a una nueva base económica crecientemente terciarizada; y, por supuesto, escapando de cualquier iniciativa de crear imagen. Ponferrada, antes una ciudad netamente industrial, pierde personalidad y se asemeja a tantas otras urbes que ven en la producción de suelo residencial y la venta de viviendas un sostén básico de su economía. BENITO DEL POZO, P. y LÓPEZ GONZÁLEZ, A. (2008): "Patrimonio industrial y nuevas perspectivas funcionales para las ciudades en reestructuración", en Estudios Geográficos, t. LXIX, nº. 264.

"Ferrari vs Lamborghini" de Carwow.

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